ROSA – 53 años

(Testimonio)

LOS COMIENZOS
“… Fue a partir de los 40 años, empecé a salir, a tener amistades y a beber. Yo no había bebido hasta entonces, pero bebía, y aguantaba muy bien la bebida…”

“… empecé a recuperar mis amistades, a salir, a entrar…, empecé a sacar mi personalidad y a salir por diversión. Quería divertirme, quería enterarme de lo que era estar en el mundo, porque yo vivía en una urna de cristal. Y claro, llegó un momento en que empecé a hacerlo…”

“Yo me casé a los 21 años, porque lo que quería era salir de mi casa, porque era un infierno… mi padre bebía muchísimo y era agresivo.”

“… por aquel entonces yo no bebía nada en absoluto. Me casé creyendo que estaba enamorada. Teníamos bastante dinero…, viajábamos muchísimo, yo dejé los estudios y me dediqué a mis hijos… Y me acomodé totalmente a ese tipo de vida.”

“Yo siempre he sido una persona muy animada, muy juerguista… no de beber, porque no bebía nada, pero me gustaba muchísimo bailar y salir y recibir gente en mi casa… Y sin embargo, no pude hacer nada de esto porque mi marido no era así. Era una persona que…, tenía una cena, una fiesta, y la primera persona que se iba era él…”

“… pero a mí todo esto me compensaba…, porque estaba entretenida con mis hijos y me llenaban las vida…”

“… empecé a distanciarme de mi marido, empecé a dejar de viajar con él porque es muy mujeriego.”

“Desde el principio me engazó, desde que éramos novios… Claro que…, yo también es que estaba en una nube, porque a mí nunca me faltaba de nada. Pero él tenía sus aventuras. A los 40, se buscó amiguitas fijas… Nos respetábamos pero cada uno teníamos nuestra vida…”

“Él se fue centrando más en su vida y yo… Mis hijos se fueron haciendo mayores y yo como estaba tan volcada en su vida… En realidad vivía a través de él. Entonces, claro, a mí eso me llenaba pero no era mío. Era prestado.”

“… y cuando él se fue alejando de mí fue cuando yo empecé a cambiar: ‘No salgo, no voy, no vengo…, estoy hasta las narices. Cada día le veo menos. No viene. Y si viene es para estar en casa, porque está cansadísimo… Porque viaja mucho, trabaja mucho…’. Y además mis hijos empezaron a hacer su vida, normal…, como los adolescentes…”

“… yo tenía que haber vivido de mis triunfos, de mis fracasos, de mis sensaciones y de mis cosas. Y, sin embargo, me apoyé en los triunfos, y en las cosas buenas de otra persona. Y dejé de ser yo misma.”

“Llegó un momento que la situación dejó de compensarme. Yo necesitaba ser yo misma. Y yo misma…, quería divertirme, quería enterarme de lo que era estar en el mundo. Porque yo vivía en una urna de cristal. Y claro, llegó un momento en que empecé a hacerlo. Hice muy bien, lo que pasa es que en vez de hacerlo controladamente…”

“me pasé de rosca y me descontrolé. Por amistades, por esto, por lo otro… Te lías y te lías…”

“… y mis hijos, claro se daban cuenta porque ellos me conocen… No es que me viniera por los suelos pero se me notaba al hablar y ya me desmadré un poco más de amistades… Lo que es el mundo de la noche… O sea, me pasé. Me pasé de rosca.”

“Mi marido prefería que bebiera y que pasara de todo porque todavía no nos habíamos separado. Y cuanto más fuera a lo mío, más libertad tenía él y menos culpable se sentía por lo que estaba haciendo.”

“Él no me ponía ningún problema. Yo salía de noche, discotecas…, como ya sabíe que él tenía sus aventuras, yo me permitía las mías…”

LOS PROBLEMAS
“Hace 4 o 5 años que empecé a notar una dependencia…, que si yo por la mañana no me tomaba una cerveza no funcionaba. O sea, yo ya no era perona.”

“Notaba, pues eso, que no me encontraba bien y en cuanto me tomaba 2 o 3 latas de cerveza por la mañana funcionaba. Y luego ya por la tarde ya me tomaba mis whiskys y tal. Pim, pam, pim, pam… Y, claro, se me convirtió en un hábito, un hábito total. Y, claro, me empecé a asuatar un poco…”

“En realidad, empecé a beber por juerga. No por desesperación. Pero luego claro, ya me convertí en la persona que esconede las botellas debajo del fregadero, de los armarios, en los bolsos…”

“Y cuando me vi así me dije ‘Yo…, yo estoy enferma’. Y efectivamente. Yo soy una alcohólica.”

“y luego vino lo de la separación…, que por supuesto, no es la razón principal pero, claro, todo influye. La tensión, la separación…, te apoyas en lo que te estás apoyando, que es la bebida…, y te apoyas más, naturalmente…”

“Una vez que estás enferma es…, es como si tuvieras dos mentes… O sea, tienes la mente normal y la mente alcohólica. Y la mente alcohólica pasa por encima de todo. Incluso de hijos.”

“Dices ‘Me tomaría un whisky’, y sabes que no puedes, pero piensas…, bueno, por tomarme un whisky no pasa nada. Pero sí pasa. Y esas son las recaídas. Que piensas que dominas el tema…”

“… te tiras una semana que no pasa nada. Pero luego ya empiezas a las 8 de la mañana, como si fuera un reloj que se te abre en la cabeza…, si no bebes…k, a veces me he puesto un chándal y me he ido a la calle al Seven Eleven a comprarme dos cervezas. Porque es como un estado interior nervioso, excitante… No sé cómo decirte, con náuseas…”

PIDIENDO AYUDA
“… tenía temblores, convulsiones y me encontraba mal. Y decidí ir al médico.”

“Entonces…, pues yo no busqué ayuda por ponerme bien yo físicamente, sino porque veía que a mí se me escapaba de las manos… Yo había ayudado siempre mucho a mis hijos, a mis padres, yo era el sostén de todo un cúmulo de cosas que no podía permitir. Si tenía que llevar a mi madre al médico a las 8 de la mañana…, o me tomaba 4 cervezas o no podía salir a la calle. Y decidí que así no podía seguir.”

“Todo el mundo me ha ayudado. Yo tengo muchísimas amistades, muy buenas amigas, buena gente a mi alrededor, tanto por parte de mis padres como por parte de mis amigas, verdaderas amigas… Mis hijos también me han ayudado mucho. Así que…, yo pienso que la culpa no la tiene nadie.”

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